Se trata de una enfermedad infecto-contagiosa causada por el virus influenza y aunque implica sobre todo a las vías respiratorias superiores e inferiores es una dolencia que en realidad afecta a todo el cuerpo. El paciente se siente muy enfermo, tiene fiebre bastante alta, escalofríos, debilidad, falta de apetito y dolor de cabeza, espalda, brazos y piernas acompañado de dolor de ojos y, en ocasiones, náuseas.
En el caso de personas mayores o que tengan otras enfermedades el impacto causado por el virus de la gripe puede acarrear graves consecuencias por lo que es de vital importancia la prevención.
Hay grupos de “alto riesgo” que se deben vigilar estrechamente:
a) Quienes tienen ya instaurada una enfermedad pulmonar crónica como tuberculosis, fibrosis quística, bronquitis crónica, asma, enfisema, etc.
b) Aquellos que tengan alguna enfermedad cardiaca o enfermedad crónica del metabolismo, los enfermos renales, los diabéticos, quienes padecen anemia y las personas tratadas con inmunodepresores
c) Las personas mayores de 65 años.
d) Las personas ingresadas en un centro hospitalario, centro de recuperación o centro para la tercera edad.
e) Los profesionales de la salud y demás trabajadores que permanecen en dichos centros.
Recuerde que cualquier persona es susceptible de contraer la gripe, especialmente cuando vive en un entorno donde se estén dando muchos casos. En 1994, por ejemplo, hubo 90 millones de casos oficiales de gripe.
Es muy importante tener en cuenta que tanto los síntomas de un resfriado común como los de la gripe no se prolongan más allá de una semana. Y que tanto una como otra pueden dar lugar a complicaciones broncopulmonares y preparar el camino a otras infecciones más graves. También en ocasiones algunos síntomas pueden ser confusos y esconder otra patología mucho más seria, por lo que debemos ser muy cautos.






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